domingo, 28 de mayo de 2006

SARHUA. El Quijote en los Andes

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POR: JORGE PAREDES
Recuperamos un viejo relato que narra la escenificación del Quijote en las alturas de Pauza en 1607. Este paso fantástico del ingenioso hidalgo por los Andes se completa 400 años después con la edición del Quijote en quechua.
Corría el año de 1606 y el rey Felipe III había nombrado como virrey y presidente de la Real Audiencia de Lima a Juan de Mendoza y Luna, marqués de Montesclaros. La noticia llegó a oídos del corregidor Pedro de Salamanca, amigo del recién nombrado virrey, y autoridad máxima del Corregimiento de Parinachocas, cuya capital era el pueblo de Pauza, quien decidió organizar una fiesta en honor de la nueva autoridad.
Por esos días llamaba la atención de la elite provinciana el facsímil de una obra que, a solo dos años de su publicación en España, había llegado al Callao y de ahí partido hacia el Cuzco. Según refieren los cronistas anónimos que han divulgado el hecho -el cervantino Rodríguez Marín recogió una versión en 1911-, dos o tres ejemplares del Quijote que estaban destinados al Cuzco se quedaron por azar en Pauza, una pujante villa que era el paso obligado de los viajeros hacia la capital imperial.
Entonces don Pedro de Salamanca no tuvo mejor idea que escenificar Los sueños del Quijote al pie del nevado Sarasara, como parte del recibimiento a su amigo, el virrey. Entre octubre y noviembre de 1607 los lugareños se prepararon para la celebración, entre ellos los dominicos, el presbítero Antonio Martínez, Cristóbal de Mata y el mozo Luis Córdova, a quien se encargó la representación del Quijote, así como cientos de indígenas.
Cuando el Caballero de la Triste Figura apareció en la plaza "tan al natural y propio de cómo lo pintan en su libro dio muchísimo gusto verlo", afirman las crónicas. Montaba un caballo flaco y lo acompañaban el cura y el barbero "con los trajes propios" y su leal escudero Sancho Panza "graciosamente vestido", con su asno y sus alforjas llenas y el "yelmo" de Mambrino "al anca".
Don Quijote participó en la carrera de rigor de la fiesta junto a otros "caballeros" y obtuvo un reconocimiento especial "por la propiedad con que hizo la suya (la carrera) y la risa que en todos causó verle". Le dieron cuatro varas de raso a su escudero Sancho y este se ofreció a entregar el premio en nombre de su amo a Dulcinea.
Otras versiones señalan que don Quijote se encontró con "el inca Atahualpa", quien estaba "debidamente ataviado" y con una escolta de más de cien indios "vestidos de mil colores". Desde la ficción esta historia ha sido recreada por el escritor Antonio Muñoz Monge. En el relato Yawar fiesta que forma parte del volumen La casa de Mercedes (editorial San Marcos), es el propio corregidor Salamanca quien hace el papel del Quijote y al final del cuento este es lanzado por los aires al chocar con un toro embravecido que llevaba atado al lomo el tradicional cóndor.
ANDANTE EN QUECHUA
Cuatrocientos años después de este episodio, El Quijote será impreso en quechua. Esta aventura ha corrido por cuenta del peruanista español Miguel de la Quadra, quien con el financiamiento de las minas de Castrovirreyna encargó al teólogo y académico cuzqueño Demetrio Túpac Yupanqui la traducción al quechua de la primera parte de la obra cumbre del español. Los derechos de la traducción han sido cedidos a El Comercio y se espera que el libro (ilustrado con pinturas de Sarhua) vea la luz pronto.
El encuentro de dos lenguas
Cervantes al crear la obra más bella del idioma que hablamos jamás imaginó que ella serviría -involuntariamente- para desplazar otra lengua, y es que la imposición del castellano en la conquistada América infligiría una herida grave a las lenguas nativas, algunas de las cuales no resistieron y murieron lentamente. Pero el quechua fue más fuerte. Resistió y se resiste a desaparecer. La hablan millones pero se oye muy poco. Los que tienen el privilegio de conocerla son, casi todos, bilingües. En forma discriminante se le identifica con personas de bajos recursos económicos y culturales, lo que hace que se hable con discreción. El Quijote en quechua es un tributo largamente adeudado de una lengua que mermó a otra. Ahora finalmente quedará testimonio de una unión, un símbolo de reconocimiento a la igualdad de valores, una deferencia merecida a la lengua imperial andina. (Álvaro Roca-Rey).

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