domingo, 28 de mayo de 2006

SARHUA. Edición del Quijote en quechua, con algo de auto-etnográfico

La versión original de este texto lo puedes hallar en: EDUCAR. Portal educativo argentino

Jueves 11 de Mayo de 2006
Por Carolina Gruffat
La meseta de Pauza, ubicada al sur del departamento de Ayacucho, Perú, a 24 horas en colectivo desde Lima, es conocida como el lugar en el que se realizó la primera representación del Quijote en Latinoamérica, que data de comienzos del 1600. Según cuenta un viejo relato de la zona, ésta se realizó en ocasión del nombramiento de Juan de Mendoza y Luna, marqués de Montesclaros, como virrey y presidente de la real Audiencia de Lima, por el rey Felipe III. El paso del ingenioso hidalgo por los Andes se completa casi 400 años después, con la edición del Quijote en quechua.

La traducción de la obra de Cervantes al idioma andino opera, por un lado, como testimonio de la resistencia de una lengua nativa, como el quechua, que actualmente hablan 20 millones de personas a lo largo de toda sudamérica, frente a la imposición del español como lengua oficial en América. Pero más significativo es el hecho de que la edición cuenta con ilustraciones propias del pueblo Sarhua, conocidas como "tablas". Esta costumbre está asociada al trabajo comunitario, y enfatiza la solidaridad colectiva.
Numerosas investigaciones señalan que el hombre andino se valió más de las imágenes que de la escritura como medio de expresión y comunicación. En este sentido, las tablas se pueden considerar como un testimonio etnográfico del pueblo, o como dice Luis Millones en su libro Amor Brujo (1989), un trabajo auto-etnográfico.

Representaciones nativas
Tradicionalmente, las tablas se consideraban parte de la tecnología de edificación de las casas del pueblo, ya que ayudaban a soportar el techo de una casa en construcción. Estas tablas tenían representaciones de dos tipos: mítico-religiosas y escenas familiares, en las que los personajes eran representados en función de sus oficios y por los objetos que usaban para el trabajo.
Pompeyo Berrocal, un artesano que se dedica a confeccionar las tablas de Sarhua, describe el contexto social en el que surge esta práctica cultural: “La comunidad tiene algo muy particular porque está organizado en dos ayllus: Sawqa para los naturales, que viven en la puna y viven de forma rural, y Qullana, para los extranjeros que viven ya de forma urbana. (…) Estos ayllus hoy en día no tienen una separación geográfica sino simbólica: se hace notar sólo en las ceremonias religiosas o sociales, según el lugar donde se ubica la gente de acuerdo a la costumbre”.
Las tablas originalmente se hacían de troncos de pati, aliso o molle, de diferentes anchos pero básicamente de 2.30 metros de largo. Uno de los lados se aplanaba con una herramienta especial, y se blanqueaba con una pintura a base de yeso, para luego pintar sobre ella, con plumas o varitas de retama, y colores que se obtenían de tierras naturales de la zona. Los troncos de madera se dividían en espacios equivalentes, generalmente siete, y las representaciones gráficas tenían un orden usual.
La edición de El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha en el idioma andino estuvo a cargo de Miguel de la Cuadra, quien le encargó la traducción al quechua de la primera parte de la obra al teólogo y académico cuzqueño Demetrio Túpac Yupanqui. Los derechos de la traducción fueron cedidos al diario El Comercio, de Lima, y la dirección del trabajo estuvo en manos de Claudia Burga-Cisneros, responsable de diseño del diario.

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