sábado, 27 de mayo de 2006

SALUD Y RESISTENCIA CULTURAL ENTRE LAS FAMILIAS CAMPESINAS PERUANAS

Puedes ver el texto original de este artículo en: CEISAPERU. Este artículo aporta mucho como bibliografía de nuestra comunidad sarhuina.



INTRODUCCIÓN
El acceso y atención de las familias campesinas sur andinas peruanas al servicio oficial de salud se ve restringida – a pesar del incremento de la cobertura – por un conjunto de factores culturales y de género transmitidos a través de la educación asistemática propias de una realidad multicultural. No tomar en cuenta esta situación genera alteraciones sociales que afecta la salud. Es nuestro objetivo circunscribir el presente estudio a un aspecto de esta realidad que es la salud reproductiva –particularmente al embarazo, parto y puerperio - como un espacio social y temporal importante en la dinámica de la familia...(Guezmes, Palomino, Ramos, 2002).

Se trata de analizar los factores culturales de resistencia a la planificación familiar bajo la creencia que los distintos métodos contraceptivos generan enfermedades y molestias a la mujer y a sus hijos. Se suma a este hecho que el número de hijos en el campo está fuertemente asociado a los requerimientos de fuerza de trabajo para las labores agrícolas y ganaderas.

El mismo control pre-natal choca con barreras de tipo cultural como la necesidad de seguir trabajando en actividades agrícolas o desplazarse a las ferias cargando mucho peso en meses mayores de gestación. El mismo parto, con preferencia en su vivienda (ambiente “seguro” y familiar) y no en el Centro de Salud, está sustentado por convicciones profundas de tipo cultural.

La resistencia cultural para que las gestantes acudan a los centros de salud, está asociada a las mismas usuarias, al esposo, a la familia, a los prestadores formales de salud y a las condiciones ambientales del Centro de Salud.

De esta forma, en el tema que tocamos, lo cultural abarca dos aspectos interrelacionados: uno general que tiene que ver con la totalidad de la cosmovisión andina (García, 1995; Cavero, 2000), y otro específico con la inequidad de género, que es social y culturalmente construida (De los Ríos, 1997; Doyle, 1995; Harvey, 1989; Oliart, 1997; Vallenas, 1997).

A pesar de la globalización, los comportamientos propios del ámbito familiar asumidos como tradicionales se siguen dando con fuerza en nuestro ámbito de estudio principalmente por la vía de la educación asistemática. En el caso que estudiamos se dan dos tensiones: a) entre lo tradicional (cosmovisión tradicional, etnomedicina, casa-hogar, parteras tradicionales) y lo moderno (medicina convencional, Centro o Establecimiento de Salud, personal formal de salud), y b) entre el respeto a la diversidad cultural (que relacionado a la salud, en algunos casos dificultan su tratamiento) y el rompimiento de algunas barreras culturales (que posibilitan una mejor atención en salud).

I. UNIVERSO ETNOGRÁFICO
La investigación se hizo el año 2000 en el ámbito de la Micro Red de Salud de Pomabamba[1], que abarca aproximadamente 3,000 familias de algunos distritos de la provincia de Cangallo y otros de la provincia de Víctor Fajardo, ambas pertenecientes al departamento de Ayacucho, en los andes del centro-sur del Perú.

Hicimos un trabajo etnográfico específicamente en las localidades campesinas de Ñuñunhuayqo, Urihuana, Huayllabamba, Sarhua, Chuquiwarcaya y el mismo Pomabamba. Privilegiamos las técnicas cualitativas de investigación: la observación y la entrevista a profundidad a los actores sociales e informantes claves: promotores de salud, parteras tradicionales, personal formal de salud, madres de familia, líderes comunales, ronderos, profesores y dirigentes de organizaciones de base.

Pomabamba, la sede de la Micro Red de Salud, es la capital del distrito de María Parado de Bellido, de la provincia de Cangallo. Está en la margen izquierda del río Pampas y frente al anexo sarhuino de Carampa. Se llega de Ayacucho, por vía carretero en dirección al sur aproximadamente en cuatro horas. Es un centro poblado relativamente grande, siendo en la zona el segundo en importancia después de Chuschi[2].

Sarhua es uno de los 15 distritos de la provincia de Víctor Fajardo, comprende, además las comunidades de Aparo, Auquilla, Chuquiwarcaya, Ccechahua y Tomanga. Está ubicado al nor-oeste de la confluencia de los ríos Pampas y Caracha.

Estos distritos, centros poblados y comunidades alto andinas se encuentran entre 3,000 a 3,400 m.s.n.m. donde la actividad principal es la agricultura y secundariamente la ganadería. Son depositarios de la cultura andina con fuerte influencia ancestral de los Chancas e Incas (control vertical de pisos ecológicos, reciprocidad, redistribución, fuerte religiosidad), aunque es posible percibir en ellos algunos rasgos propios que los hace diferentes unos de otros, así como cambios en las últimas décadas. Por lo primero es posible generalizar las conclusiones de la presente investigación a las familias campesinas (andinas) del centro-sur del Perú.

En el ámbito de la Micro Red de Salud, el parentesco es un tipo de relación social fundamental de carácter totalizador, pues bajo él se canalizan todas aquellas formas diferentes de relaciones sociales, y es una institución más o menos homogénea. Aquí tiene una particular importancia la familia extensa o ampliada, aunque la noción de “familia” o “ayllu” va más allá de ésta. El parentesco en la Micro Red , así como en el área andina, generalmente es bilateral (la descendencia es patrilineal y matrilineal a la vez).

Otras características presentes en la Micro Red son: la tendencia a la procreación de hijos a temprana edad; el ideal ancestral de tener muchos hijos; la importancia de que el primer hijo sea mujer; el no reconocimiento de hijos extramatrimoniales; el status disminuido de las madres solteras o wachapas; son mal vistos los hijos de relaciones incestuosas; existen mecanismos de protección a los hijos huérfanos, etc. Por el estudio del ciclo vital vemos que desde que se concibe y nace el hijo ya se va construyendo social y culturalmente la diferencia de género en desmedro de la mujer.

II. SALUD REPRODUCTIVA Y CULTURA

Pese a que son cada vez más las mujeres que se incorporan a los programas de Planificación Familiar, hay todavía una resistencia de tipo cultural que se traduce en el hecho que algunas esposas utilizan en forma oculta algún método de planificación familiar por temor al esposo (Ej. El caso de una señora de Chuquiwarcaya que usa clandestinamente T de Cu). Sin embargo, en ambos sigue latente la creencia que si se controlan, pueden adquirir cáncer, que las píldoras dan nauseas y dolor de cabeza, que los inyectables generan tumores, y que sus hijos nacerán deformes o alumbrarán mellizos. Hay esposos que se oponen al uso de algún método anticonceptivo por parte de sus parejas por la creencia de que estas pueden tener otras parejas sexuales y las tildan de “mañosas”. Esta creencias se presentan en mayor magnitud en los (as) campesinos (as) de las partes altas o punas (sallqa).

El uso de píldoras y otros métodos no corresponden a las pautas culturales del campesinado andino peruano, en consecuencia no hay garantía de que este método pueda tener el éxito esperado. Las acciones de Planificación Familiar en comunidades como Ñuñunhuayqo tienen resistencia con argumentos que lindan hasta con la comicidad:

“No hacemos planificación familiar, el varón decide cuántos hijos tener, algunas mujeres se cuidan, otras no porque piensan que les puede dar cáncer. Una vez conversando en Pomabamba escuché que en inyectables habían enviado el semen del chino Fujimori para que conciban las mujeres” (comunera Teodora Hinostroza).

La estructura familiar campesina, tiene soportes de tipo “patriarcal”, por ello los varones no conciben como lógico ni racional las campañas de Planificación Familiar porque estas se presentan como un gran obstáculo para ejercer su sexualidad y mantener la tradición cultural de procrear hijos libremente aún cuando la pobreza los agobie cada vez más. Dicen: “Las mujeres tienen que consultar todo al varón”.

De la misma manera, el control pre-natal choca con una resistencia de tipo cultural. Según las versiones recogidas, la forma como el personal formal de salud imparte las numerosas precauciones distancian a las gestantes de su actividad cotidiana y son contrarias a sus concepciones tradicionales sobre el embarazo: por ejemplo el impedirles que trabajen en meses mayores de gestación en actividades agrícolas o ir a las ferias. Se cuenta que hace cinco años una gestante de Chuquiwarcaya alumbró (no fue un aborto) al borde del río Pampas, cuando retornaba de la feria de Chuschi.

El nacimiento de los hijos también está sustentado por convicciones profundas de tipo cultural. El hecho de que las madres prefieran dar a luz en sus domicilios no constituye una respuesta negligente ni propia de personas analfabetas o “ignorantes”. El parto, como crisis del ciclo vital femenino así como del nuevo ser, requiere de un ambiente “seguro” familiar, así como comodidad y la atención de los suyos. Además, las parteras tradicionales (empíricas o comadronas) tienen gran prestigio y ascendencia en la comunidad, viven allí y muchas veces han atendido a más de una generación de mujeres. En cambio los profesionales (varones y mujeres) del Centro o Establecimiento de Salud, por muy competentes que fueran, no son de los suyos, muchas veces desconocen el idioma nativo (quechua) y la idiosincrasia campesina, y por tanto el trato es impersonal y no se involucran totalmente en los requerimientos de las parturientas; en consecuencia no inspiran “confianza”.

En la actualidad, algunas trabajadoras formales de salud recurren a medios coercitivos a fin de cumplir con las normas legales del Ministerio de Salud: cuando la partera quiere atender sola “las amenazan con que pueden ir a la cárcel si pasa algo”[3]. Últimamente, atienden algunos partos las dos juntas, la obstetriz como personal formal de salud y la partera tradicional.

Algunas creencias del campesino (a) conducen a desenlaces fatales en el proceso de parto. Se cuenta que:

“...Una señora perdió a su bebé por no querer atenderse en la Posta: dijo que le había dado la “pacha”, la tierra le había llamado porque era un hijo no deseado” (versión de una profesional de la Micro Red).

Así pues, todo el proceso del ciclo vital referente a la maduración sexual, la iniciación sexual, concepción, cuidado del embarazo, parto y puerperio biológicamente corresponde a la mujer. En el embarazo, culturalmente cada etapa y proceso va normado o pautado no sólo por la experiencia y conocimientos ancestrales sobre salud reproductiva, sino también obedece a aprendizajes socialmente aceptados, a una particular cosmovisión de los que significa la salud-vida y muerte.

El predominio del varón, no sólo está referido a las decisiones sobre los bienes materiales sino también sobre la vida de la mujer, por esa razón cuando ella se encuentra en peligro por complicaciones de su embarazo, requiere de la autorización del varón (esposo o conviviente) para decidir sobre su vida misma; por ello la necesidad de entender que las pautas de género como construcción cultural no deben ser abordadas de manera mecánica o simple cuando se pretende prestar servicios eficientes y de calidad en lo que a salud respecta.

III. PARTERAS TRADICIONALES Y FAMILIA

En la Micro Red de Salud de Pomabamba, hay parteras tradicionales como prestadoras informales de salud; todas son mujeres, generalmente son de edad avanzada; son consideradas “experimentadas”, “ancianas”, les dicen “señoras antiguas”. Este hecho hace que los comuneros (as) acrecienten su confianza en ellas. Hay parteras que ya son qichus (diestras) y han atendido a casi todas las mujeres del pueblo, en el caso de Chuquiwarcaya mencionan por ejemplo a Catalina Reyna. Ante eventuales complicaciones, las parteras tradicionales, acuden a una serie de procedimientos “eficaces” (se incluye la intervención de fuerzas sagradas contextualizar dentro de la religiosidad andina) que para las usuarias son requisitos de garantía para conservar la vida.

Ellas previo al trabajo de parto, hacen toda una labor psicológica, más aún a las primerizas que también tienen recelo a las parteras (manan largacunchu, dicen). ¿Nos imaginamos cuál será el recelo de estas primerizas atendiéndose en el Centro de Salud con personal profesional ajeno a su cultura?.

“La partera primero le habla, le explica, le convence, le dice que le va atender bonito y recién qapiycachikun, wiquykun y tantean. No usa guantes, ella también la “calcula” y dice: Chayraqmi bajamuchkasqa. A la vista pues debe bajar, le agarran el pecho y qapipan” (versión que recogimos en Chuquiwarcaya).

Adicionalmente, les recomiendan beber “aceite rosada”, le hacen el qampu (saumerio), pasan el vientre con ovillo de lana, etc.

Lo importante es que las parteras atienden el parto en la casa de la paciente, en posición “parada” –como ya dijimos – y con participación del esposo u otro familiar varón que ayuda frotándole el vientre. Otros familiares apoyan preparando infusiones, prendiendo incienzo, frotando algunas yerbas y en algunos casos proveyendo licor a las parteras. Esta participación de la familia se debe destacar ya que el proceso de parto visto así es un perfomance eminentemente familiar que da mucha seguridad a la paciente. Una versión recogida en Chuquiwarcaya dice: Las señoras dan a la luz en sus casas porque el parto requiere del auxilio familiar, esto es un evento familiar, las mujeres tienen miedo de ir a la Posta” (versión de Jorge Merca, Vicepresidente de la Comunidad). A esto se debe sumar que las yerbas que toman, los saumerios que se les hace (además de la posición parada en el parto), se adecuan a su idiosincrasia.

No es tan cierto que las comadronas no les agarran los genitales, pero este hecho es más discreto y poco frecuente; sólo algunas veces ayudan a sacar al bebé con sus manos.

Si bien las condiciones de higiene no son las más adecuadas, la presencia de la obstetriz junto a la partera, es una alternativa intermedia (en esa tensión entre lo tradicional y lo moderno) a tomarse en cuenta para mejorar las condiciones de riesgo. Además, se sabe que en los últimos meses se está capacitando a las parteras para optimizar su labor. Igualmente, en los últimos años las mujeres gestantes se están sensibilizando para acudir al Centro de Salud por las complicaciones que se han presentado debido a la multiparidad y al sangramiento (¿será una forma de resolver la tensión entre el respeto a la diversidad cultural y el rompimiento de algunas barreras culturales?).

III. A MANERA DE CONCLUSIÓN: RESISTENCIA CULTURAL Y EDUCACIÓN ASISTEMÁTICA.

Existen hasta siete factores de resistencia cultural que se socializan a través de la educación asistemática (no escolarizada) – varias con implicancias de género - para que particularmente las gestantes prefieran recurrir a las parteras tradicionales (empíricas o comadronas) y no acudan a los establecimientos formales de Salud a atenderse en “casa ajena” (término que escuchó un personal formal de salud de Chuquiwarcaya):

1. Miedo a salir de su casa (y del ámbito familiar) y fuera de su comunidad (si no cuentan con Centro de Salud) para controlar su embarazo y dar a luz en los Centros de Salud. Un factor que puede influir es pensar que “los de la Posta no saben porque son practicantes y si les atienden, pueden agravarse” (versión de un profesor de Secundaria de Sarhua).
2. En el proceso de parto en el establecimiento de Salud no participa el esposo ni su entorno familiar. Cuando las gestante son atendidas en sus casas por las parteras tradicionales o compadronas, la participación activa del esposo es importante y en ausencia de él de alguna persona mayor varón miembro de la familia.
3. Vergüenza a ser “tocadas” sus partes íntimas por el personal formal de salud. Penqawanqam, dicen (me van a criticar). Las madres manifiestan que en el Puesto de Salud las desnudan y les tocan sus partes íntimas, sus genitales. Susana Pomasonqo, Presidenta del Comedor Infantil de Sarhua, es enfática: “tengo vergüenza, nos desnudan, por eso siempre doy a luz en mi casa”. Un personal formal de salud nos confirma y dice: “las campesinas no se dejan tocar sus partes íntimas”.

Esta situación también se corrobora con el hecho que cuando el Centro de Salud organiza charlas, los campesinos adultos no hablan en público sobre asuntos íntimos, salvo los jóvenes. Más aún, las mujeres que viven en las partes altas, en las punas, tienen más vergüenza de ir al Centro de Salud (versión de Elena Cisneros, Presidenta del vaso de Leche de Sarhua).
4. La atención del parto en el Centro de Salud es en posición ginecológica (de cúbito dorsal). Por tradición y cultura, además que lo consideran lo más adecuado, la posición que debe asumir la mujer para el parto tradicional es “parada”.
En sus mismas casas, las campesinas no quieren echarse para dar a luz, peor será en un Establecimiento de Salud. A veces lo hacen sólo para expulsar la placenta, nos dice un técnico de salud. Una crítica que escuchamos de un personal formal de salud es que en la medicina occidental, la posición de cúbito dorsal permite más comodidad al personal de salud, no es para dar comodidad a la paciente.
5. Hay enfermedades que, según las campesinas sur andinas, no pueden curar los prestadores formales de salud. Muchas veces el proceso de embarazo, parto y puerperio va acompañado por secuelas interpretadas culturalmente por los campesinos como males causados por los cerros, por el Wamani, por la Pachamama, por los espíritus, por la naturaleza en general, que sólo pueden curar las comadronas, los curanderos o shamanes del pueblo. Y muchas dolencias físicas y psíquicas son enmascaradas con creencias mágicas y religiosas, como la pacha, el qapisqa, el dolor de la “madre” (útero), esta última abunda en la zona y es propia de las mujeres con hijos.
6. El personal formal de salud es visto étnicamente distante y ajeno a ellas, muchas veces no hablan el idioma ancestral (quechua) ni se identifican culturalmente con las mujeres campesinas.
7. Infraestructura y equipamiento del Centro de Salud inadecuados desde el punto de vista cultural.

BIBLIOGRAFÍA

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S/f. La Escuela en la Comunidad Campesina. Proyecto Escuela, Ecología y Comunidad Campesina. Lima.
CAVERO, Ranulfo
2000. Trabajo de Investigación “Género y Salud”. Proyecto Modelo de atención de salud a poblaciones dispersas en el ámbito de la Micro Red de Salud, Pomabamba. MINSA, Ayacucho.
DE LOS RIOS, Rebeca
1997. Género, Salud y Desarrollo: un enfoque en construcción. PUCP, Lima.
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1995. En la Salud y en la Enfermedad. En Género y Salud. PUCP, Lima.
GARCIA, Juan José
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GUEZMES, Ana; PALOMINO, Nancy; RAMOS, Miguel
2002. Violencia Sexual y Física contra las Mujeres en el Perú. Estudio multicéntrico de la OMS sobre la violencia de la pareja y la salud de las mujeres. Flora Tristán-OMS-Universidad Peruana Cayetano Heredia. Lima.
HARVEY, Penélope
1989. Género, autoridad y competencia lingüística. PUCP, Lima.
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1997. “Candadito de oro fino, llavecita filigrana...”, PUCP, Lima.
VALLENAS, Carmen
1997. Género y Salud, PUCP, Lima.
Ayacucho, julio de 2003.
[1] El trabajo de campo lo hicimos junto con el Antrop. Walter Pariona Cabrera.
[2] El distrito de Chuschi está aproximadamente a 15 Km. de Pomabamba. Se hizo conocido porque en este centro poblado el 18 de mayo de 1980, “Sendero Luminoso” quemó las ánforas electorales, dando así inicio a la violencia política en el Perú.
[3] En el distrito de Iguaín, Huanta (a 40 km. de Ayacucho) se les multa con dinero a las gestantes que no acuden al Centro de Salud.
Texto del Antrop. Ranulfo Cavero Carrasco - Profesor Principal UNSCH

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