domingo, 28 de mayo de 2006

El desarrollo actual de la literatura quechua

Puedes apreciar la versión original y completa en: AMERINDIA N° 24 bajo el título: Literatura nisqap qichwasimipi mirayñinmanta, de César ITIER[1]INALCO / CELIA, París. Esta web para los quechuhablantes como yo les resultará no sólo interesante sino hermosa.


Amerindia n°24, 1999
Desde hace algunos años, se observa una intensificación de la práctica escrita del quechua. Algunos escritores, autores de cuentos en ese idioma, están creando en él una prosa de ficción que no se basa en la tradición oral sino que constituye creaciones literarias originales. Me propongo analizar aquí este fenómeno.
Aunque el quechua se escribe desde hace más de cuatro cientos años, la lectura en ese idioma permanece hasta hoy poco difundida. En la época colonial, la práctica de la escritura se limitaba esencialmente a los medios eclesiásticos y servía para la elaboración de sermones, cánticos y obras dramáticas. Estos escritos no estaban destinados, en lo esencial, a una difusión a través de la lectura sino a ser predicados, cantados o representados. En el momento de la independencia del Perú, dos tercios de la población de ese país eran quechuahablantes. Los demás hablaban otras lenguas, como el aymara o el castellano. Sin embargo, las élites de entonces no optaron por hacer del quechua el idioma nacional sino que prefirieron dar ese papel al castellano, que les unía mejor con las naciones modernas de Europa. Algunos cultores del quechua siguieron escribiendo literatura en ese idioma. Pero como pocos quechuahablantes sabían leer, desarrollaron esencialmentente el género dramático, como fue el caso, por ejemplo, de Nicanor Jara (Sumaqt’ika, 1999), Nemesio Zúñiga Cazorla (Qurich’uspi, 1915; T’ikahina, 1920), José Félix Silva Ayala (Yawarwaqaq, 1919), Luis Ochoa Guevara (Manco II, 1921), José Salvador Cavero León (Yana puyup intuykusqan, 1938; Rasuwillkap wawankuna, 1945) o Artemio Huillca Galindo (Puka Walicha, 1950). Pese a ello, los honores de la imprenta estuvieron reservados casi exclusivamente a textos de propaganda religiosa.
A partir de 1920, surge un interés del estado por mejorar la enseñanza rural y dar un cierto papel al quechua en ella. Pese a que las realizaciones en ese campo fueron modestas, favorecieron el que algunos empezaran a escribir en quechua sobre temas de salud, derecho e historia, en revistas o pequeños libros destinados a los quechuahablantes. A partir de la década de 1950, la búsqueda de mejores condiciones de vida genera un proceso de migración masiva del campo a las ciudades, particularmente a Lima y, por lo tanto, un aprendizaje del castellano de parte de los migrantes. Estos experimentaron a menudo el desprecio de los citadinos por sus orígenes rurales. Los habitantes de las ciudades estigmatizaron, en particular, su deficiente manejo del castellano y el hecho mismo de ser quechuahablantes. En consecuencia, muchos individuos dejaron de practicar su lengua materna en la que veían una causa de marginación.
Este comportamiento tampoco ha sido unánime y el proceso mismo de urbanización y adquisición de un mejor nivel educativo de parte de muchos quechuahablantes también tuvo por efecto de suscitar vocaciones literarias. Así fue como se empezó a publicar poemarios en lengua, como los de Andrés Alencastre, José María Arguedas, Lily Flores Palomino, William Hurtado de Mendoza, César Guardia Mayorga, Eduardo Ninamango, Isaac Huamán, Porfirio Meneses Lazón, Abilio Soto Yupanqui y Uriel Montúfar. Gracias a los procesos sociales anteriormente mencionados, existe hoy un lectorado quechua potencial mucho mayor que hace unas décadas y ese potencial podría hacerse efectivo si existieran publicaciones a su alcance económico.
Algunos escritores quechuas han incursionado en la prosa. Las primeras experiencias consistieron en elaborar versiones literarias de cuentos de la tradición oral. Así lo hizo Jorge Lira con los relatos que había escuchado en la cuenca del río Vilcanota en su Isicha Puytu, publicada en 1975 y en Cuentos del Alto Urubamba, publicado de manera póstuma en 1990. En 1984, el puneño Rufino Chuquimamani publicó su libro en dos tomos Unay pachas.... Luego, el ayacuchano Carmelón Berrocal publicó Pirumanta qillqasqa willakuykuna, hermosamente ilustrado por él mismo. Mencionemos también Unay willakuykuna (1992) del huancavelicano Crescencio Ramos.
Algunos escritores del quechua han producido también creaciones literarias absolutamente originales, que no retoman motivos de la tradición oral. Hasta hoy han sido tres: José Oregón Morales[23], Porfirio Meneses Lazón[24] y Macedonio Villafán Broncano[25]. Nadie, antes de ellos, había intentado ese tipo de empresa y sus creaciones abren nuevos derroteros para la literatura quechua. Parece incluso que estamos presenciando el surgimiento de un nuevo tipo de literatura en ese idioma. Si este proceso siguiera desarrollándose, esa literatura le daría al quechua una riqueza, un prestigio y una visibilidad decisivos para su futuro. Este idioma, hasta hoy muchas veces desvalorizado, adquiriría una mayor dignidad cultural en el mundo urbano. Los mismos quechuahablantes establecidos en la ciudad, seguirían considerándolo como vehículo de sus experiencias y lo transmitirían a sus hijos, aunque éstos hubieran nacido en la ciudad. El quechua gozaría entonces de posibilidades de desarrollo hasta hoy exclusivamente reservadas al castellano. A continuación, compararemos los cuentos escritos por los tres autores mencionados.
Loro qulluchi de José Oregón Morales
En 1994, José Oregón Morales publicó, bajo el título de Loro ccolluchi (« Exterminio de loros »), ocho cuentos en quechua. Dos de ellos, los más extensos, constituyen absolutas creaciones del autor, sin base en la tradición oral.
Oregón Morales nació en el pueblo de Salkabamba en 1949, en la provincia de Tayacaja, departamento de Huancavelica y es profesor de literatura en la enseñanza secundaria. En 1984, publicó doce cuentos en quechua en un libro titulado Kutimanco[26]. En él, puso por escrito cuentos que había escuchado de su madre, agregándoles diálogos y descripciones. También es autor de por lo menos una obra de teatro en castellano (« El Motín ») y de varios cuentos infantiles en ese idioma.
El narrador del cuento titulado « Luru qulluchi » recuerda su infancia campesina. En la época de maduración del maiz, los loros solían subir de los valles orientales hasta la sierra, en busca de alimentos. Junto con otros niños, el narrador iba a espantarlos en las chacras. En una ocasión, los loros llegaron en tal cantidad que nadie parecía poder impedir que devastaran los cultivos. Con gran preocupación, los agricultores fueron a solicitar la ayuda de un anciano que conocía un medio especial para exterminar a los depredadores... El cuento « Qurilasu » se divide en cuatro partes. Qurilasu es el nombre de un joven toro y el cuento nos hace penetrar en la conciencia humanizada de ese personaje. Cuenta con mucha ternura como ese toro lidió valerosamente en una corrida y nos hace partícipes de las angustias y los temores de ese animal, de su madre e, incluso, de un perro.
Esa mirada hacia el mundo animal no pertenece a la cultura rural. Esa compasión y esa ternura hacia los animales me parece más bien caracterizar una sensibilidad típicamente urbana. José Oregón ha querido conmover a sus lectores urbanos con el recuerdo de la vida campesina. Los migrantes que viven en las cudades reconocerán en estos cuentos sus experiencias infantiles en el campo. Tal parece ser el objetivo esencial de estos cuentos.
José Oregón Morales maneja un estilo hermoso, como se ve en estas líneas:
Punchukuscca lorochapas paykuna ccinatacc ccaparin; huakincca ni tanteankuchu ccapariyninta. Punchuchanñatacc muyukuchkan kunkampi masupa rikrallanña; chayhuancca manchapata mancharichkanku huakin lorokunacca. Astahuan chaupinkumanracc huinakuchkan punchuchayucc lorocca, iskayman kimsaman huakin lorokunata checcechistin. Pahuanku kinrakinrampa ccehueccehuempa, rikranta huakman kayman apaykachastin; karu karupecca kasccan juñunakurunku. Kasccan pachakuscca lorochacca ayparun. Chaynalla checcestin checcestin pahuachkanku; muyurispa muyurispa panta pantata pahuanku, mana ni may risccankutapas yachakunkuchu; karuchaspacca juñunakuypitacc kachkanku manam sapa sapallacca pahuayta yachaspanku. Juñulla kaymantacca huañupakuchkankuña. Kayna kasccankutacca suma sumaccta yachascca don José del Carmencca. (p. 23-24)

El loro emponchado gritaba igualito que ellos, pero los demás no reconocían su grito. Su ponchito, como ala de murciélago batía en su cuello, lo que espantaba más a los demás loros. Cuando se metía al centro de todos, la bandada se dividía en dos o tres; ya ladeados, ya torciendo el cuello, ya desesperados, aleteando de uno a otro lado, muy lejos, se volvían a unir. El loro disfrazado los alcanzaba nuevamente, y una y otra vez, se dispersaban sus compañeros aturdidos, describiendo círculos en un vuelo confuso, sin ninguna orientación, pero tratando de unirse más allá, porque jamás podían volar solos. Así, la unidad los estaba matando. Esto, don José lo había estudiado muy bien. (Traducción del autor)
Sin embargo, como se puede ver, no es fácil leer su texto para quien no es de Huancavelica: al leer, por ejemplo, la grafía ccinatacc, dudamos un instante de si quiere decir qinataq o hinataq. Igualmente, en la página 22, al leer ccapirunku, quienes hablamos el quechua cuzqueño nos preguntamos si se trata de q’apirunku (« estrujaron ») o hap’irunku (« agarraron »). Algunos se preguntarán por qué Oregón escribió de esa manera. Sin duda por la razón siguiente: en el quechua de Huancavelica, los fonemas /h/ y /q/ se han neutralizado en /x/ (aquí escrito ). Sin embargo, el quechua huancavelicano y el quechua cuzqueño no son lenguas distintas sino una sola. Por lo tanto, sería muy ventajoso escribirlos de igual forma. Creo, por mi parte, que los escritores del quechua huancavelicano y ayacuchano deberían diferenciar en la grafía los fonemas /k/ y /q/ del quechua común para que sus producciones pudieran ser leídas fácilmente por hablantes de Cuzco y Puno. De la misma manera, los cultores del quechua cuzqueño y puneño deberían escribir las consonantes en posición final de sílaba como se pronuncian en Ayacucho y Huancavelica, que es también como se pronunciaban en el Cuzco hace tres siglos, tal como lo hemos hecho en este artículo.
Así, en mi opinión, el texto de Oregón, ganaría mucho al ser escrito de la siguiente forma, siguiendo el alfabeto oficial:
Punchukusqa luruchapas paykunahinataq qaparin. Wakinqa ni tantiyankuchu qapariyninta. Punchuchanñataq muyukuchkan kunkanpi masupa rikrallanña. Chaywanqa manchapata mancharichkanku wakin lurukunaqa. Astawan chawpinkumanraq winakuchkan punchuchayuq luruqa, iskayman kimsaman wakin lurukunata chiqichistin. Pawanku kinrakinrampa qiwiqiwimpa, rikranta wakman kayman apaykachastin. Karu karupiqa kasqan huñunakurunku. Kasqan pachakusqa luruchaqa ayparun. Chaynalla chiqistin chiqistin pawachkanku. Muyurispa muyurispa panta pantata pawanku, mana ni may risqankutapas yachakunkuchu. Karuchaspaqa huñunakuypitaq kachkanku manam sapa sapallaqa pawayta yachaspanku. Huñulla kaymantaqa wañupakuchkankuña. Kayna kasqankutaqa suma sumaqta yachasqa don José del Carmenqa.
Achikyay willaykuna de Porfirio Meneses

Porfirio Meneses nació en Huanta en 1915. Allí transcurrió su infancia hasta que se trasladara a Lima en 1922. En 1935, volvió a Huanta donde permaneció hasta 1940. Achikyay willaykuna evoca la sociedad huantina de esos años.
Antes de escribir estos cuentos, Porfirio Meneses ya tenía una sólida experiencia de la creación literaria. En efecto, había publicado, en castellano, Sólo un camino tiene el río (Lima, Editorial Universo, 1975). También era conocido como poeta quechua, en particular por su poemario Suyaypa llaqtan (Lima, Mosca Azul Editores, 1988) y su traducción al quechua del libro de poemas Los heraldos negros de César Vallejo (Yana kachapurikuna, Biblioteca de Cultura Quechua Contemporánea, n°1, Lima, Universidad Nacional Federico Villarreal).

Achikyay willaykuna contiene seis cuentos, todos de tono distinto. Algunos son melancólicos, otros impregnados de fino humor. Entre éstos, están « Warmichaykita waylluy » (« Acaricia a tu mujercita ») que cuenta cómo un hombre flojo y alcólico termina siendo expulsado de su casa por su propia mujer. En « Kawsayninchik kutimuptin » (« Cuando la vida vuelve »), que tiene el mismo tono ligero, un reparador de altares y estatuas de santos se convierte al protestantismo antes de volver finalmente a su oficio inicial. En cambio, « Tayta Matías Urquni » está impregnado de la honda melancolía inspirada al narrador por el recuerdo infantil del mayordomo de sus padres y de un doloroso desencuentro con él: el narrador y su madre volvían de Lima a Huanta pero, al no poder encontrarse con su mayordomo en la estación de Huancayo, tuvieron que emprender solos y a pie el viaje penoso y peligroso de esa ciudad hasta su pueblo. « Muti maskaypi warmi tarikuy » (« Buscar convite y hallar amor ») narra el destino inesperado de un glotón. « Hukpa wasin » (« La casa ajena ») nos introduce en la experiencia dolorosa de un guardia civil víctima de la envidia de sus colegas. « Yupinta qatispa » (« Siguiendo su huella ») es la historia de un amor frustrado. Este cuento es entre todos el que tiene la construcción narrativa más compleja y, en mi opinión, constituye uno de los mayores logros de toda la literatura quechua.
En todos estos cuentos, Porfirio Meneses restituye hermosamente la vida de los pequeños pueblos andinos. ¿Quién no ha conocido borrachos como Isidro o protestantes como Pedro Huallpa? Al leer estos cuentos, cada uno puede experimentar la grata sensación de encontrar plasmada en ellos su experiencia de la vida en las provincias del interior del Perú.
Porfirio Meneses ha llevado a cabo, además, un admirable trabajo estilístico. Mientras los diálogos recogen el sabor del habla popular de la región huantina, la narración desarrolla un estilo más literario. En efecto, Porfirio Meneses transpone en ella las construcciones complejas propias de un estilo literario, como en el siguiente ejemplo:
Sumaq kayninta ukunpi yupaychaspan qawarin chukchankunata, yana, uyanpi wiqiman laqakuspa sawakuqta sumaq uqarisqa ñuñunkunapa hawanta. Hinalla warmiqa rimakun, ñawinkuna, simillan, ña kusi, kancharikusqanmanta llakip llantunman tikrachispan, ñataq yapa sami sami yuyaykunawan kicharikunanpaq. [traducción del autor]
Admirando calladamente su belleza, miraba su negra cabellera adherirse a su rostro lloroso y deslizarse luego sobre la turgencia de sus senos. La veía hablando y llevando la expresión de sus ojos y sus labios desde la alegría iluminada hasta la tristeza, para iluminarse de nuevo con los dulces recuerdos.
Por otra parte, Meneses inserta en su narración algunos términos antiguos, como éstos: raymi (fiesta), añaycha- (agradecer), hamut’a- (pensar), anqas (azul), etc. Estos términos, a pesar de haber caído en desuso, son conocidos por muchas personas por lo que no dificultan la lectura del texto. El objetivo de Meneses al elaborar este tipo de lenguaje, algo distanciado del discurso natural, ha sido el de contribuir a la creación de una lengua literaria. En « La casa ajena » y « Matías Urquni » llega más lejos todavía en la ampliación del uso del quechua a nuevas esferas de comunicación: los personajes y las situaciones que allí se expresan exclusivamente en quechua, en la realidad sólo lo harían en castellano.
Apu Kolkijirka de Macedonio Villafán
Con este relato, Macedonio Villafán compartió con Porfirio Meneses el « premio de cuento del Concurso Nacional de Literatura Quechua » del año 1997. La creación de Macedonio Villafán es muy distinta de las de Oregón y Meneses. Consiste en un solo cuento, de 22 páginas, dividido en siete capítulos. Está escrito en quechua huayla, no en un dialecto del sur, y es el primero jamás publicado en un quechua de tipo 1. El narrador no es un ser humano sino el cerro Kolkejirka. Nos cuenta la historia de la comunidad de Cutacancha. Desde los tiempos antiguos, ese cerro argentífero prodiga su protección y sus riquezas a los cutacanchinos que explotan sus minas.
Ese cerro es como la voz colectiva de la comunidad, aunque a veces parece haber leído libros de arqueología. En efecto, emplea términos y conceptos forjados por los arqueólogos modernos para narrar la historia de la comunidad, refiriéndose a chavinenses, tiahuanaquenses, mochicas, sipanenses y otros. De la misma manera, al querer recoger conceptos quechuas antiguos, utiliza en realidad conceptos forjados por los misioneros de la Colonia, como ukhupacha (« infierno »), kaypacha (« mundo ») y hanaqpacha (« cielo »). Sin embargo, aunque acude a veces a un lenguaje procedente de los libros modernos, Macedonio Villafán no nos proporciona una visión extraña al mundo que evoca sino que parece tener un conocimiento profundo del mundo minero.
Cuando los hombres dejan de hacerle sus ofrendas, el cerro se enoja y les manda granizo, rayo y temblores, negando sus dones a los trabajadores y a la empresa minera. Con eso, el autor parece querer afirmar un ideal de reciprocidad que debe aplicarse también dentro de la sociedad. Al final del cuento, asistimos a la decadencia actual de las minas. Sin embargo, el narrador augura el regreso de los dioses y, con ellos, de la abundancia. Macedonio Villafán exalta así el retorno a la tradición como solución para la crisis actual. Esta perspectiva indianista nace probablemente del hecho de que el autor procede, al parecer, de un medio campesino y minero profundamente afectado por la evolución económica de los últimos años.
Examinemos ahora un fragmento del texto:
Kutakancha kaq obrerukuna manam qareenii qonqayaqtsu. Fiestaapis rurayaamoqmi jina. Peekunapis yachakuyarqam maakinakuna inshita. Imanoo nikoqtukurmi puriikuyaq bolkeeti manejaqkunaqa, konsentradorachoo uryaqkuna. Wakin kutakancha runakunanaqa murukuyaqmi, waatakuyaqmi komunidaninchoo. Musyayaqmi minacho imatapis munayanqanta; tseemanmi moosankuna apayaq rantikoq kosechankunata, waakankunata, uushankunata. Tseechoomi moosakuna reqinakuyarqan karu marka obrerukunawan; wakinqa eellukaakuyarqanmi yanaqinkunawan.
Los obreros cutacanchinos que seguían siendo comuneros nunca olvidaban hacerme ofrendas. Aprendieron a manejar diversas máquinas. Echando prosa manejaban los volquetes o trabajaban en las concentradoras. Otros seguían en la comunidad cultivando sus chacras o criando sus ganados. Sabían lo que necesitaban en el campamento. Allí llevaban sus productos y animales las mozas comuneras. Algunas de ellas conocieron a obreros de otras tierras y formaron sus parejas.

Noopa Awilunkunanoomi kutakanchakuna mañayaq gringukunatapis, injenierutapis, qareenin Tayta Kolkijirkapaq churakuyee, nishpa. Manam wiyakiikuyaqtsu. Kee kullu rinrikuna mantsakaayaatsun, nishpam, patsa rurimpa eewaq mayuta qayeekur llapan uchkukunaman yakuta kameekorqaa. Mantsakeeninta kushishqa rikareekaptiimi, imanoo laya maakinatanachi chaatsikarayaamorqan. Tsee imeeka yakunaq toorunoomi rasllam yakuta shoqukurkorqa; nikurnam sikimpa ishparamorqan Tampu mayuman.
Así como sus abuelos, los cutacanchinos pedían a los gringos y sus ingenieros peruanos, hagan ofrendas al padre Kolkejirka, diciendo. Pero no les escuchaban. Estos sordos que aprendan, diciendo, llamando a un río subterráneo lo anegué toda la mina. Cuando burloso estaba mirando mi obra, trajeron una extraña máquina. Como un gigantesco toro sediento rápido se lo chupó las aguas y luego lo orinó a las aguas del Tampu. [traducción del autor]
Como vemos, la lectura del texto sería menos difícil para hablantes de otras variedades si se le aplicara cierta normalización gráfica en base a criterios etimológicos, como escribiendo, por ejemplo, ayka en lugar de eeka, kay en lugar de kee, imanaw en lugar de imanoo.
Conclusión
La existencia misma de estas tres obras sugiere que está surgiendo un lectorado quechuahablante. Sin embargo, es patente que los autores escriben pensando sobre todo en sus amigos o sus paisanos como destinatarios. Por eso, cada uno escribe en un quechua muy local, sin proyectarse todavía hacia un horizonte lingüístico más amplio. Es probable que, conforme vaya haciéndose más numeroso ese tipo de experiencia, la comunidad lectora también se vaya ampliando y los escritores empiecen a leerse unos a otros. Aparecería entonces una comunidad de escritores dentro de la cual se intercambiarían elementos lingüísticos de distintos orígenes, lo que podría contribuir al establecimiento de un estándar literario. Por eso creemos que el desarrollo de una literatura en quechua puede ser un factor clave para el desarrollo de la lengua misma. Por otra parte, esa literatura en quechua constituye un patrimonio original que el Perú posee en propio. Por todas estas razones, esperemos que la Universidad Federico Villarreal u otras instituciones apoyen o sigan apoyando los esfuerzos de los escritores quechuas.
[1] César Itierqa « Institut National des Langues et Civilisations Orientales » nisqapim qichwasimita yachachin, Paris llaqtapi. Chaymanta « Centre d’Etudes sur les Langues Indigènes d’Amérique » nisqapipas llamkallantaq.
[2] Runa Soncco (Juliaca, 1937), Huanta (Huanta, 1948), Pregón Huanta (Huanta, 1952).
[3] L.M. Pizarro. Camachicuc pi-rua-pac . Augusto Leguía pay Sacha puyu, Chachapoyas, 1928.
[4] Taki Parwa, Cuzco, 1952; Taki ruru, Cuzco, 1964; Yawar para, Cuzco, 1972.
[5] Tupac-Amaru Kamaq Taytanchisman; haylli-taki. A nuestro padre Creador Tupac Amaru; himno canción. Lima, editorial Salcantay, 1962. Katatay. Lima, editorial Horizonte, 1972.
[6] Troj de poemas queshua castellano. Lima, César Lanegra, 1971. Pawaq titi. proyectil. Lima, editorial Perú, 1985. Waqalliq-takin. Tañido de campanas. Lima, Concytec, 1989.
[7] Yanapaj jailli. Lima: Ediciones Martínez, 1971. Yachanaykipaq taki, canción para que aprendas, Lima, 1977. Wiraqucha, Lima, 1987.
[8] Runa simi jarawi. Lima, 1975.
[9] Pukutay. Lima: Tarea, 1982.
[10] Voces. Plaquetas de Cuento y Poesía. Lima: editorial Grano de Arena, 1987.
[11] Suyaypa llaqtan. País de la Esperanza. Lima, Mosca Azul editores, 1988.
[12] Qapaq taki. Canto y lamento ayacuchano. Lima, 1992.
[13] Takiyñinchis. Arequipa, 1992.
[14] ñawpaq rimasqankuman-hina « chaskisimi » nispam kastillasimipi « tradición oral » nichwan. Kayhinam riman Fernando de Avendaño 1649 watapi, Sermones de los misterios de nuestra santa fe catholica sutiyuq liwrunpi, kunan timpu qillqayñinchikman-hina: Inkakunaqa mana liwrunkuna kasqanraykum kaykunakta yachayta mana atiparqankuchu. Ñawpa pacha kaqkunakta chaskisimiwan ñiq khipukamayuqñinkunari khipunkunapi tawa pichqa pachak watallamantam yuyarinku « Los Incas como no tuvieron libros, no pudieron saber estas cosas, y sus historiadores dizen, q(ue) de las cosas antiguas por tradicion en sus Quipos solamente se acuerdan de quatrocientos, o quinientos años » (fol. 89r-89v) Chayhinallataqmi Qusqu llaqtap khipukamayuqñinkuna khipunkunamanta chunka iskayñiyuq inkakuna kasqanta yupanku, chaskisimiwantaq sutinkunakta ninku « De la misma manera los historiadores del Cuzco cuentan por sus Quipos, que uvo doze Reyes Incas, y por tradición dizen sus nombres » (Idem).
[15] Isicha Puytu. Edición bilingüe. Lima: editorial Milla Batres, 1974. Cuentos del alto Urubamba. Cuzco: Centro de Estudios Regionales Andinos «Bartolomé de Las Casas, 1990.
[16] Unay pachas... Qhishwa simipi Qullasuyu aranwaykuna. Volumen 1. Lima, Ministerio de Educación, 1983. Unay pachas... Qhishwa simipi Qullasuyu hawariykuna. Volumen 2. Centro Bartolomé de Las casas. Lima-Puno, 1984.
[17] Pirumanta qillqasqa willakuykuna. Lima: Editorial Bruño, s/f.
[18] Relatos Quechuas. Kichwapi Unay Willakuykuna. Lima, editorial Horizonte, 1992.
[19] Loro Ccolluchi. Exterminio de loros y otros cuentos. Lima: Lluvia editores, 1994.
[20] Achikyay Willaykuna. Cuentos del amanecer. Biblioteca de Cultura Quechua. Universidad Nacional Federico Villarreal. Lima, 1998.
[21] « Apu Kollkijirka. Edición bilingüe. Versión castellana del autor », in: Cuento y Poesía 1997. Obras premiadas. Jerónimo Santos y Macedonio Villafán Broncano. Biblioteca de Cultura Quechua. Universidad Nacional Federico Villarreal. Lima, 1998.
[22] Kutimanco y otros cuentos. Huancayo: ediciones Tuki.
[23] Loro Ccolluchi. Exterminio de loros y otros cuentos. Lima: Lluvia editores, 1994.
[24] Achikyay Willaykuna. Cuentos del amanecer. Biblioteca de Cultura Quechua. Universidad Nacional Federico Villarreal. Lima, 1998.
[25] « Apu Kollkijirka. Edición bilingüe. Versión castellana del autor », in: Cuento y Poesía 1997. Obras premiadas. Jerónimo Santos y Macedonio Villafán Broncano. Biblioteca de Cultura Quechua. Universidad Nacional Federico Villarreal. Lima, 1998.
[26] Kutimanco y otros cuentos. Huancayo: ediciones Tuki.

2 comentarios:

Germán dijo...

Hola:

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Saludos.

wankawamla dijo...

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escribo hablo este idioma perfecto