jueves, 25 de mayo de 2006

Acerca de las Tablas de Sarhua

Este texto lo puedes encontrar en su versión original en: PORTALE PERÚ


Dos años atrás participé de un evento artesanal en el que, además de la realización de conferencias, se invitó a artesanos de diferentes lugares del país para que expongan sus trabajos. Cada uno de estos artesanos era considerado “un maestro” en lo que hacía y dentro de ellos es que conocí a don Pompeyo Berrocal, artesano dedicado a confeccionar las tablas de Sarhua; este fue mi primer contacto con esta tradición. A partir de ese momento me entró la inquietud de conocer este pueblo, conversar con los artesanos dedicados a este trabajo y entender porqué se hacían. Como pasa muchas veces, el tiempo que se calcula para un viaje no es tal como tampoco lo son las posibilidades pero, como pasa muchas veces también, existe la posibilidad de acercarse a estos trabajos artesanales en Lima, conocer a las personas que lo realizan) y ¡para suerte mía!, existían investigaciones ya hechas sobre el tema a las cuales he recurrido. “Las tablas de Sarhua son parte de la costumbre de mi pueblo San Juan de Sarhua, capital de uno de los distritos de la provincia de Víctor Fajardo en Ayacucho. La comunidad tiene algo muy particular porque está organizado en dos ayllus: Sawqa para los naturales, que viven en la puna y viven de forma rural y Qullana, para los extranjeros que viven ya de forma urbana”. Es interesante cómo estos ayllus hoy en día no tienen una separación geográfica sino simbólica pues se hace notar sólo en las ceremonias religiosas o sociales según el lugar donde se ubica la gente de acuerdo a la costumbre”, comenta Pompeyo. Las tablas que conocemos actualmente y que se venden en Lima, son la continuación de las tablas que originalmente se hacían en Sarhua teniendo como factor común el retratar las manifestaciones del pueblo en varios aspectos a través de dibujos artísticos de tal manera que se pueden considerar como un testimonio etnográfico del pueblo, o como dice Luis Millones en su libro “Amor Brujo” (1989), un trabajo auto-etnográfico. Tradicionalmente, estas tablas se consideraban parte de la tecnología de edificación de las casas del pueblo pues ayudaban a soportar el techo de la casa en construcción, una especie de “alza-techo”. Estas tablas tenían representaciones de dos tipos: mítico-religiosas y escenas familiares en las que los personajes eran representados más por sus oficios y por los objetos que usaban para el trabajo que por sus rasgos físicos salvo distinciones relacionados al sexo y la edad. Pompeyo Berrocal explica en su casa-taller que “cuando se construyen casas nuevas, se regalan estas tablas entre compadres. Ellos han pintado en sus tablas a las familias de ambas partes, del hombre y de la mujer. Puede estar el suegro o suegra de cualquiera de los dos, los hermanos, tíos y la presencia de estas personas los compromete a colaborar en la construcción de la casa. Pasa que cuando van a visitar, buscan la tabla para ver si se ven representados. Si se ven, se alegran y colaboran y llevan dos botellas de chicha que entregan en una pequeña ceremonia. Puede haber más de una tabla de regalo para la misma construcción porque se puede tener varios compadres”. En general, el hombre andino se valió más de las imágenes que de la escritura como un recurso de expresión y de comunicación y esto fue posible gracias a la memoria colectiva de mucha gente. Tratando de encontrar los orígenes de esta tradición, Josefa Nolte en su libro QUELLCAY, Arte y vida de Sarhua (Lima, 1991), explica que se conoce como Qellca “al trazo de dibujo hecho sobre cualquier superficie así como a las pinturas hechas sobre tablas para registrar los acontecimientos más importantes que sucedían durante el mandato de un inka” (pag. 28) Fueron los qellcacamayoq los historiadores del Tawantinsuyo que registraban gráficamente la historia en tablas y quien relataban de memoria los hechos registrados en ellas en ciertas épocas del año. Buscando el antecedente más probable de esta tradición, parece haber sido la obra de Felipe Guaman Poma de Ayala con su “Primer Nueva Crónica y Buen Gobierno”, entre 1613 y 1614, obra con intención artística pero también obra que registró los acontecimientos del momento tal como lo hiciera la tradición qellca inca. Para el caso del libro de Guaman Poma, la palabra está al servicio del dibujo pues es el dibujo mismo el que registra el hecho y la frase escrita una referencia más concisa de él. Anterior a esto se piensa que los orígenes están en los templos de Poquencancha y Coricancha de la ciudad de Cusco, donde se encontraron paneles pintados que representaban también escenas de la vida cotidiana. Estas imágenes aparentemente tenían una intención normativa y mostraban los orígenes de la sociedad. Por otro lado, se sabe que había la costumbre de representar ceremonias pictóricamente para comprometer la colaboración de la nobleza. En todo caso, aunque de manera especulativa o intuitiva, se podría encontrar aquí alguna relación con los orígenes de las tablas de Sarhua. Pompeyo, al recordar cómo fue su proceso en Lima, dice que “a la feria artesanal he llegado por mi cuenta por los años 80. Primero vendía loterías en la calle, entonces no me iba bien y pensaba “no vengo de lejos para andar en la calle, sé varias cosas como cantar, pintar, coso faldas” y mi tío que trabajaba ya las tablas de Sarhua, tenía más contacto con ferias artesanales y para una fecha me llamó para cantar con un conjunto con guitarra en el mes de Mayo, para un club de madres, y allí me llamó la atención todas las artesanías que vendían y me dije “¿porqué yo no puedo traer también artesanías de mi pueblo y vender?” hasta que a fines del año noventa vine y me instalé en la avenida Petit Thouars”. Con nostalgia Pompeyo explica que “en Sarhua se está perdiendo la costumbre porque hay cambios de religión o porque el compadre ya no está allí de manera permanente cuando uno construye su casa ya que juntos es que hay que trabajar. Es la nueva generación y la tecnología lo que hace perder la costumbre pero por suerte, acá tratamos de mantener la tradición”. Afirma que en Lima hay diferencias en el proceso pero sobre todo porque se trabaja para vendérselo al turista. Por ejemplo el cambio se da en que no se pone los nombres de los personajes que figura en la tabla y en muchos casos tampoco se pinta al santo. Para esto tiene una anécdota de una turista que le quiso comprar una tabla y, porque era de una religión no católica, quería que corte el último fragmente de la tabla pues es donde se representaba a la Virgen Asunción. Entonces prefieren representar sembríos, plantes, curanderos y escenas típicas que no busquen identificación de la gente que los adquiere. Otro factor que consideran es lo práctico. Explica Pompeyo: “ en la feria artesanal donde vendemos llama mucho la atención a los extranjeros pero el problema es el costo y el tamaño. Entonces los hacemos más chicos porque una tabla más tradicional nos demora hasta una semana y esto lo hace más caro”. Sobre el proceso de la elaboración de las tablas, anteriormente se hacían de tronco de pati, aliso o molle. Se escogían troncos de diferentes anchos pero básicamente de 2.30 me. De largo. Con una herramienta especial se aplanaba uno de los lados y se blanqueaba con una pintura a base de yeso para luego pintar sobre ella. Se dividían en espacios equivalentes, generalmente siete, y las representaciones gráficas tenían un orden usual: la parte superior llevaba el Sol y el último recuadro, a la Virgen de la Asunción, virgen predilecta del pueblo de Sarhua por la cantidad de milagros que concede. En el medio se representaban a distintos miembros de la familia con sus actividades respectivas. Se entregaba el día en que se techaba la casa y se celebraba entre los que participaban del ayni, o trabajo colectivo. Una característica es que los dibujos solían hacerse siempre sobre un fondo blanco, detalle que ha cambiado hoy pues se adorna con nubes y cerros. Los colores se obtenían de tierras naturales de la zona, las figuras se delineaban con carbón de chilca y luego se quemaba con ichu. Siempre se realizaba el trazo con plumas o varitas de retama y esto se conserva hasta hoy. Al final se aplicaba un fijador natural que se obtenía de la caparrosa.. Hoy en día, los migrantes de Sarhua en Lima han encontrado en la elaboración de las tablas un recurso económico importante pues las elaboran para venderlas a los turistas pero también lo hacen porque necesitan recrear su propia cultura y mantener lazos emocionales y afectivos con su pueblo. Hay algunas diferencias como que las hacen en triplay y más pequeñas para que los turistas las trasladen con facilidad; por otro lado, por razones prácticas se tiende a usar pinturas Tekno en colores fuertes y más compactos ( a veces combinan ambos tipos de colorantes). Si bien anteriormente se representaban escenas familiares o momentos del ciclo vital (siempre acompañados de un texto que comentaba las escenas), actualmente se sigue con la costumbre pero lo que se representa son imágenes más esteriotipados y muy gráficos como escenas agrícolas, flores y fiestas. Lo importante es que siguen cumpliendo con la función de registro del pueblo donde se originaron y a modo de nostalgia aún pueden considerarse como “las crónicas contemporáneas de Sarhua”.A manera de datoExiste en Lima una comunidad sarhuina muy bien organizada que cuenta desde 1982 con una Asociación de Artistas Populares De Sarhua (ADAPS) que reúne a los pintores artesanos. Las primeras qellcas que se hicieron en Lima fueron para una exposición que se realizó en agosto de 1975 llamada “Las tablas pintadas de Sarhua”; en ella se presentaron sólo dos tablas tradicionales y nueve modernas en diferentes tamaños. La acogida que tuvieron entre las personas que asistieron los motivó a continuar con esta tradición y a tratar de mantener los rasgos más importantes de este trabajo. Al comienzo se tenían dos líneas de trabajo, una para exposiciones y otra para la venta realizados con diferencias en relación al tamaño básicamente y quizás al tiempo que se le dedica a cada una de las tablas. La familia Berrocal ha sido de las más antiguas en dedicarse a esta labor artesanal. Además, ya que se sigue realizando como trabajo en grupo, enfatiza la solidaridad colectiva, rasgo que es esencial para continuar con las relaciones sociales de los pueblos andinos.





Phyllis Tepperman
wayra70@hotmail.com
waira70@yahoo.com.mx

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Es un interesante artículo sobre la artesanía actual en el Perú.

Anónimo dijo...

DONDE PUEDO CONSEGUIR LOS NUMEROS DE CONTACTO SI QUESIERA ADQUIRIR UNAS TABLAS?